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D. Carlos Bou Aliaga
Entrevistamos en este bloque de «El Sacerdote» a D. Carlos Bou Aliaga, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia. D. Carlos fue ordenado hace apenas tres años, en 2019. Cree que posiblemente Dios le llamó en la juventud, pero no supo escucharlo, por lo que desarrolló su vida a su manera: terminó los estudios, comenzó a trabajar, se casó y tuvo dos hijos. ¿Y cómo es posible que hoy sea sacerdote? El Señor le dio una segunda oportunidad para responder a la misión que le quería encomendar y fue poniendo cada cosa en su lugar, comenzando con su propia conversión, que supuso un giro de 360º en su vida. A lo largo de estos programas, D. Carlos nos ofrecerá algunos consejos para evitar que la Misa diaria, tanto para los fieles como para el sacerdote, se conviertan en una mera rutina; dedicará un programa a la misericordia que Dios derrama en la confesión sobre cada alma, gracias a la cual hoy es sacerdote; nos acercará a la figura de María como Madre para ayudarnos a tener esa relación cercana, de madre e hijo, que la Virgen –y sobre todo el Señor– quiere que tengamos; y nos explicará los beneficios que el alma obtiene a través del sacramento de la unción de enfermos y cuántas gracias ha recibido D. Carlos por medio de él.
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Para D. Carlos Bou Aliaga, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, de todo lo que engloba la misión sacerdotal, el sacramento de la Confesión era algo que le sobrepasaba. Consideraba que no iba a poder ayudar correctamente a las almas que acudirían a él para recibir el perdón de Dios. Sin embargo, el Señor erradicó este miedo totalmente, y le mostró que simplemente debía acudir al Espíritu Santo y dejarle actuar. Con la vida no se juega, y por eso D. Carlos nos advierte que con la vida espiritual tampoco se debe jugar. Si hemos caído cometiendo un pecado grave, no debemos perder el tiempo, hay que acudir arrepentidos a Jesucristo que, a través del sacerdote, quiere devolvernos la gracia perdida.
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Jesucristo, presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Santa Eucaristía, está deseando entrar en nosotros para unirnos estrechamente a Él y fortalecernos en nuestra lucha espiritual, aunque muchas veces estamos tan llenos de ocupaciones que no le permitimos entrar. Para favorecer esta unión con Cristo, D. Carlos Bou Aliaga, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, nos explica que, hay que estar en gracia de Dios para poder recibirle dignamente, y si uno ha caído en pecado mortal, acudir cuanto antes al sacramento de la Confesión. Y además, para vivir bien la Santa Misa, D. Carlos nos recomienda llegar a la Iglesia un poco antes, desconectar de las labores del día y dejar que nuestra alma se centre solo en Dios. Nunca sabes si esta pudiera ser tu última Misa, por tanto, no desperdicies esta oportunidad de unirte a Dios.
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Para D. Carlos Bou Aliaga, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, dentro de su periodo formativo como seminarista, el momento que más llenó de alegría su corazón fue la ordenación diaconal. Aunque en esta celebración el seminarista aún no es sacerdote plenamente, pues no puede consagrar en la Santa Misa ni perdonar los pecados en la Confesión, este es consagrado de modo especial a Dios para servirle más de cerca. Y esto permitió a D. Carlos hacer más viva y consciente esa llamada inesperada que el Señor puso en su vida. Desde ese momento, ya era de Dios y ansiaba la llegada de la ordenación sacerdotal donde se entregaría a Él para siempre, sirviéndole allá donde más le necesitase.
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«El Señor te da los medios para que tú puedas dar la vida por Él». Esto es lo que descubrió, hace catorce años, D. Carlos Bou Aliaga, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia. En ese momento, tuvo una experiencia a través de la cual pudo conocer a ese Dios misericordioso que busca tu salvación y te ama infinitamente. El Señor le mostró que quería que fuese sacerdote. Este descubrimiento le causó una gran sorpresa: no era un hombre joven, sino un viudo con dos hijos ya independizados. Poco a poco, descubrió que esa llamada no era de ahora, sino que en su juventud el Señor había intentado entrar en su vida, pero él no supo escucharlo y, por eso, realizó su vida a su manera. Tras un discernimiento, con la ayuda de un sacerdote y de su obispo, pudo certificar la autenticidad de esa llamada y hoy da gracias a Dios por haber sido elegido.



