Stabat Mater- Junto a la Cruz

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Introducción:

Meditación del dolor de María al pie de la Cruz, con Abelardo de Armas

Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre. Y Jesús, desde la cruz, nos la entregó como Madre nuestra. Fue un acontecimiento trascendental para nosotros. Y necesitamos meditarlo y dejarnos empapar por esta verdad: María es nuestra Madre. Jesús nos la dio como Madre desde la cruz.


Para ayudarnos, la Fundación EUK Mamie-HM Televisión, nos propone este momento de oración al pie de la cruz ayudados de un himno de la Liturgia de las Horas, el llamado «Stabat Mater», que describe los dolores de la Madre contemplando la Pasión del Hijo de sus entrañas. Y, tras meditar en el dolor que la hemos causado con nuestros pecados, meditaremos en esa consoladora palabra de Jesús: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», de la mano de un hombre de profunda espiritualidad como es Abelardo de Armas, cofundador del Instituto Secular «Cruzada de Santa María».


Stabat Mater

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y, ¿cuál hombre no llorará,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!
Llore yo con ansias tantas
que el llanto tan dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.


40 días cerca de Jesús: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»
Meditación audiovisual de Abelardo de Armas:

-Hna. Beatriz Liaño, SHM

 

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