Un año jubilar siempre es año de gracia, pero ¿en qué consiste esta gracia, cómo podemos obtenerla y aprovecharla, y por qué ha decidido el papa Francisco designar este año jubilar de 2025 como «Año Jubilar de la Esperanza»? En este bloque de «Un ancla en la tormenta» con D. Miguel Larrambebere Zabala, vicario general de la diócesis de Pamplona y Tudela (Navarra, España), descubriremos la historia del año jubilar y sus raíces bíblicas, la diferencia entre los jubileos ordinarios y los extraordinarios y la importancia de la virtud de la esperanza, tan carente en la sociedad de hoy en día. Por último, examinaremos la bula convocatoria del papa Francisco para este año jubilar, que concluye con la figura de la Virgen, Madre de la Esperanza, para ver cómo este año nos impulsa a creer de todo corazón que «la esperanza no defrauda» (Romanos 5, 5).
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- Categoría: Año Jubilar de la Esperanza
En este nuevo bloque de «Un ancla en la tormenta», D. Miguel Larrambebere Zabala, vicario general de la diócesis de Pamplona y Tudela (Navarra, España), nos ayuda a profundizar en el significado de este «Año Jubilar de la Esperanza», empezando con los orígenes bíblicos del año jubilar. Comienza por desgranar las características del «yovel», el año jubilar del pueblo de Israel, que tiene lugar cada 50 años. Estas intervenciones divinas a través del año jubilar provocan rupturas con la rutina humana, que adquirirán su plenitud en la novedad radical de Jesucristo, quien hace nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21, 5). Jesús mismo es nuestro «iubileum» que nos proporciona la verdadera esperanza de salir del pecado y vivir en la nueva vida que Él nos trae.
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Comenzamos este bloque de «Un ancla en la tormenta» examinando las virtudes teologales, que recibimos como don gratuito en el bautismo, y sin las cuales no podremos alcanzar nuestra meta de ser santos. D. Tomás Trigo Oubiña —doctor en Teología Moral, especializado en las virtudes, y profesor jubilado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (Pamplona, España)— explica que la virtud teologal de la fe, una de «Las virtudes fundamentales», se basa en un testigo en quien podemos confiar: Dios mismo. Es una iniciativa divina, a la cual cada hombre debe responder, asintiendo a la verdad revelada por Dios en la persona de Jesucristo. Esta disposición de apertura es esencial y solo se da cuando uno la quiere tener y humildemente acepta creer en lo que no entiende, pues la fe es un misterio que no se agotará por la inteligencia humana. Por último, recorrerá las características de la fe, que son su universalidad, su necesidad para la salvación, y su orientación hacia la caridad, sin la cual está muerta. Teniendo tan grandes tesoros en vasijas de barro, debemos cultivar nuestra fe, buscando oportunidades para formarnos, sobre todo en la familia y con el Catecismo de la Iglesia Católica.
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