Los daños causados por el luteranismo 6/7
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- Categoría: La herejía de Lutero
El balance general de las consecuencias derivadas de la Reforma protestante ofrece un saldo tremendamente negativo. Europa es fruto de la filosofía griega, del Derecho Romano y de la fe católica. Lutero rompe la Cristiandad. Junto a esto, D. José Enrique Bustos Pueche, decano y profesor emérito de la Facultad de Derecho de la Universidad de Alcalá de Henares (España), señala otros muchos daños sobre los que ofrece interesantes reflexiones: ruptura ideológica de Europa, de la que no se ha recuperado todavía; destrucción de las fuentes de la Revelación; supresión de la Iglesia visible y de la vida religiosa; desaparición de los sacramentos, en especial, la Sagrada Eucaristía; destrucción del matrimonio con la promoción del divorcio, que en esa época dejaba a la mujer en una situación de gran vulnerabilidad. Y, sobre todo, el triunfo del relativismo y de la soberanía del individualismo. Ciertamente, debemos afirmar con palabras del mismo profesor Bustos, que «la rebelión luterana ha sido la mayor tragedia que ha caído sobre Occidente y sobre la Iglesia católica desde el Islam».
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Comenzamos este bloque de «Un ancla en la tormenta» examinando las virtudes teologales, que recibimos como don gratuito en el bautismo, y sin las cuales no podremos alcanzar nuestra meta de ser santos. D. Tomás Trigo Oubiña —doctor en Teología Moral, especializado en las virtudes, y profesor jubilado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (Pamplona, España)— explica que la virtud teologal de la fe, una de «Las virtudes fundamentales», se basa en un testigo en quien podemos confiar: Dios mismo. Es una iniciativa divina, a la cual cada hombre debe responder, asintiendo a la verdad revelada por Dios en la persona de Jesucristo. Esta disposición de apertura es esencial y solo se da cuando uno la quiere tener y humildemente acepta creer en lo que no entiende, pues la fe es un misterio que no se agotará por la inteligencia humana. Por último, recorrerá las características de la fe, que son su universalidad, su necesidad para la salvación, y su orientación hacia la caridad, sin la cual está muerta. Teniendo tan grandes tesoros en vasijas de barro, debemos cultivar nuestra fe, buscando oportunidades para formarnos, sobre todo en la familia y con el Catecismo de la Iglesia Católica.
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