D. José Enrique Bustos Pueche tiene un amplio currículum en el campo del Derecho. En efecto, es doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, decano emérito de la Facultad de Derecho de la Universidad de Alcalá, de la que fue durante más de treinta años profesor titular de Derecho Civil y académico correspondiente de la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia. Apasionado por la historia y acostumbrado por su profesión al análisis profundo de los sucesos, publicó el libro «La herejía de Lutero», en la editorial Libros Libres, «convencido de que la rebelión luterana ha sido la mayor tragedia que ha caído sobre Occidente y sobre la Iglesia católica desde el Islam». Su objetivo no era hacer un recorrido histórico de la Reforma luterana, sino más bien, reflexionar sobre sus consecuencias, sobre el tremendo daño que los errores de Lutero han traído a la Iglesia y a la humanidad, de manera especial el individualismo luterano, que tiene su máxima expresión en la actual ideología de género.
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- Categoría: La herejía de Lutero
Lutero fue un hombre desgraciado en su trayectoria personal. Eso explica, en buena parte, su vida y su doctrina. No fue un gran teólogo. Además, dejó de estudiar pronto y, todo lo que leyó después, lo deformó buscando salida a una conciencia profundamente escrupulosa. En el fondo, todo su problema se reduce a no poder evitar el pecado, de ahí la necesidad de fabricarse una religión a su medida. De aquí se deriva un profundo individualismo, cuyas repercusiones negativas llegan hasta nuestros días. Tras este preámbulo, D. José Enrique Bustos Pueche —decano y profesor emérito de la Facultad de Derecho de la Universidad de Alcalá de Henares (España)— describe en este primer programa de la serie dedicada a «La herejía de Lutero» los errores que conforman el cuerpo de la doctrina protestante.
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Comenzamos este bloque de «Un ancla en la tormenta» examinando las virtudes teologales, que recibimos como don gratuito en el bautismo, y sin las cuales no podremos alcanzar nuestra meta de ser santos. D. Tomás Trigo Oubiña —doctor en Teología Moral, especializado en las virtudes, y profesor jubilado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (Pamplona, España)— explica que la virtud teologal de la fe, una de «Las virtudes fundamentales», se basa en un testigo en quien podemos confiar: Dios mismo. Es una iniciativa divina, a la cual cada hombre debe responder, asintiendo a la verdad revelada por Dios en la persona de Jesucristo. Esta disposición de apertura es esencial y solo se da cuando uno la quiere tener y humildemente acepta creer en lo que no entiende, pues la fe es un misterio que no se agotará por la inteligencia humana. Por último, recorrerá las características de la fe, que son su universalidad, su necesidad para la salvación, y su orientación hacia la caridad, sin la cual está muerta. Teniendo tan grandes tesoros en vasijas de barro, debemos cultivar nuestra fe, buscando oportunidades para formarnos, sobre todo en la familia y con el Catecismo de la Iglesia Católica.
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