Jesús, el Esposo que hace fecundo Israel 5/9
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- Categoría: El Matrimonio en la Sagrada Escritura
Desde varios siglos antes de la llegada de Jesús, el pueblo de Israel estaba a la espera. La predicación de Juan el Bautista hace nacer una gran esperanza ya que anuncia que «detrás de mí viene el que es más fuerte que yo, y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias». En este programa de «Un ancla en la tormenta», el P. Luis Sánchez Navarro, DCJM, catedrático de Nuevo Testamento en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso (Madrid, España), explica que esta declaración no es solo un gesto de humildad. Juan estaba anunciando la llegada del Esposo, haciendo referencia a la ley del levirato promulgada por el Deuteronomio, muy conocida por sus oyentes. Jesús es el Esposo que viene a completar la historia de la salvación, que viene a desposarse definitivamente con su pueblo elegido.
Para más información sobre este tema, consultar: «Retorno al principio. La revelación del amor en la Sagrada Escritura».
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Comenzamos este bloque de «Un ancla en la tormenta» examinando las virtudes teologales, que recibimos como don gratuito en el bautismo, y sin las cuales no podremos alcanzar nuestra meta de ser santos. D. Tomás Trigo Oubiña —doctor en Teología Moral, especializado en las virtudes, y profesor jubilado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (Pamplona, España)— explica que la virtud teologal de la fe, una de «Las virtudes fundamentales», se basa en un testigo en quien podemos confiar: Dios mismo. Es una iniciativa divina, a la cual cada hombre debe responder, asintiendo a la verdad revelada por Dios en la persona de Jesucristo. Esta disposición de apertura es esencial y solo se da cuando uno la quiere tener y humildemente acepta creer en lo que no entiende, pues la fe es un misterio que no se agotará por la inteligencia humana. Por último, recorrerá las características de la fe, que son su universalidad, su necesidad para la salvación, y su orientación hacia la caridad, sin la cual está muerta. Teniendo tan grandes tesoros en vasijas de barro, debemos cultivar nuestra fe, buscando oportunidades para formarnos, sobre todo en la familia y con el Catecismo de la Iglesia Católica.
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