Mis manos están consagradas
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- Categoría: D. Salvador Romero
D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), no recuerda haber reflexionado durante su infancia y juventud sobre la posibilidad de ser llamado por Dios para ser sacerdote. De hecho, por diversas circunstancias, pero en especial por la atracción del mundo, acabó alejado de la Iglesia durante un tiempo. Hoy, tras catorce años de sacerdocio, D. Salvador Romero solo da gracias a Dios por haberle elegido, convencido de que el único sentido de su vida es ser instrumento para que Cristo pueda llegar a las almas a través de los sacramentos, especialmente el de la Sagrada Eucaristía.
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El P. Kevin Deakin, Siervo del Hogar de la Madre, desde que es sacerdote ha quedado impresionado, en cada uno de los destinos en los que ha estado, de la necesidad que tienen los feligreses de escuchar hablar acerca de la vida eterna. Necesitan con frecuencia que se les recuerde que estamos de paso, que nuestra meta es el Cielo, y que para llegar allí el camino más seguro es la identificación con Cristo. El sacerdote, como buen pastor, tiene la gran misión de transmitir la fe y la esperanza en la vida eterna, asegurar que ningún alma se pierda, y si alguna se extravía, reconducirla, para que todos lleguen a gozar de la visión beatífica de Dios.
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