Sacerdote para siempre
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- Categoría: P. Félix López, SHM
«Las manos de un sacerdote son las manos santas de un pecador». El P. Félix López —superior general de los Siervos del Hogar de la Madre— nos habla del día de su ordenación sacerdotal, del cambio que tuvo lugar en él y de la configuración con Jesucristo Sacerdote. Experimentó una inmensa alegría al oír las palabras «eres sacerdote para siempre». Le llenaba de asombro mirar después esas manos que habían sido consagradas y pensar: «estas manos son las manos santas de un pecador». Las manos de un sacerdote son santas y venerables porque son canales a través de los cuales Dios santifica y sigue trasmitiendo su vida divina.
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El P. Kevin Deakin, Siervo del Hogar de la Madre, desde que es sacerdote ha quedado impresionado, en cada uno de los destinos en los que ha estado, de la necesidad que tienen los feligreses de escuchar hablar acerca de la vida eterna. Necesitan con frecuencia que se les recuerde que estamos de paso, que nuestra meta es el Cielo, y que para llegar allí el camino más seguro es la identificación con Cristo. El sacerdote, como buen pastor, tiene la gran misión de transmitir la fe y la esperanza en la vida eterna, asegurar que ningún alma se pierda, y si alguna se extravía, reconducirla, para que todos lleguen a gozar de la visión beatífica de Dios.
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