Un don poco valorado
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- Categoría: D. Luis F. Ochoa de Aranda
D. Luis F. Ochoa de Aranda, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), reflexiona en este primer programa de este bloque de «El sacerdote» acerca del don del sacerdocio y de los peligros que lo acechan actualmente. Considera que lo peor que le puede ocurrir a un sacerdote es que no proclame la conversión al mundo y que él mismo se convierta al mundo. El sacerdote no debe olvidar el mandato que ha recibido por medio de Jesucristo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16, 9-15). La conversión de los pecados, la confesión frecuente, la certeza de que existe el gozo eterno del Cielo, pero también la posibilidad de una condenación eterna, son algunos de los temas sobre los que el sacerdote no puede dejar de predicar.
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El P. Kevin Deakin, Siervo del Hogar de la Madre, desde que es sacerdote ha quedado impresionado, en cada uno de los destinos en los que ha estado, de la necesidad que tienen los feligreses de escuchar hablar acerca de la vida eterna. Necesitan con frecuencia que se les recuerde que estamos de paso, que nuestra meta es el Cielo, y que para llegar allí el camino más seguro es la identificación con Cristo. El sacerdote, como buen pastor, tiene la gran misión de transmitir la fe y la esperanza en la vida eterna, asegurar que ningún alma se pierda, y si alguna se extravía, reconducirla, para que todos lleguen a gozar de la visión beatífica de Dios.
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